En Travelling Fork el servicio no es un adorno ni una formalidad: es parte del concepto. Diseñamos cada experiencia con la misma precisión con la que se diseña un menú de degustación, porque lo que ocurre en la mesa depende tanto del sabor como del ritmo, la atención y el cuidado. Trabajamos con cupos limitados para proteger la calidad del encuentro: que el equipo pueda estar presente, que el comensal pueda escuchar, que el relato no se pierda en el ruido. Cada edición es un viaje curado —territorio, cocina y escucha— y el servicio es el puente que hace que ese viaje se sienta fluido, cálido y memorable. Desde la bienvenida hasta el cierre, buscamos una hospitalidad honesta: directa, elegante, sin artificio, con el detalle necesario para que la experiencia respire y se sostenga.

Travelling Fork puede convertirse en una cena privada diseñada desde cero para un grupo reducido: celebraciones familiares, cumpleaños, aniversarios, encuentros de equipo, cenas de recaudación o momentos que merecen una mesa especial. No replicamos un “menú fijo”; construimos una ruta gastronómica que dialogue con el motivo de la reunión y con el lugar donde ocurre. La experiencia puede ser en una casa, una finca, una galería, un hotel o un espacio cultural, siempre cuidando el carácter íntimo y el tempo del servicio.
Antes del evento alineamos expectativas y necesidades: número de personas, duración, estilo de servicio, restricciones alimentarias, preferencias y nivel de formalidad. Si quieres, incorporamos una capa de relato y escucha: un paisaje sonoro sutil, una guía breve entre pases o momentos de silencio diseñados para afinar la atención. El resultado es una noche coherente, precisa y cálida: una mesa donde la comida no solo alimenta, sino que cuenta algo y deja huella.
Nuestro estándar es simple: excelencia sin rigidez. High-Class Service en Travelling Fork significa un equipo entrenado para sostener una experiencia de alta calidad con naturalidad, cuidado y presencia real. El servicio acompaña el menú como una coreografía: tiempos claros, transiciones suaves, explicación precisa cuando hace falta y silencio cuando conviene. Aquí la elegancia no es ostentación; es consistencia. Que todo llegue a tiempo, a la temperatura correcta, con el nivel de detalle que permite que el comensal se entregue al viaje.
Este formato es ideal para eventos donde la experiencia debe sentirse impecable: cenas institucionales, anfitrionaje para invitados internacionales, encuentros de alto perfil, activaciones privadas o colaboraciones donde la marca necesita un gesto fino y memorable. Podemos trabajar con maridajes, ritmo de pases más largo o más corto, y una narrativa adaptada al contexto. La meta es que la noche se sienta segura, hermosa y bien sostenida: una mesa que habla por sí sola, sin esfuerzo.
Ofrecemos catering cuando el contexto requiere movilidad y escala, sin perder la identidad de Travelling Fork. Esto puede ir desde bocados curados para una inauguración o un cóctel, hasta estaciones de comida diseñadas como un recorrido de sabores. Trabajamos con menús que responden al espacio y al flujo de personas: opciones que se mantienen estables en servicio, que respetan tiempos reales de producción y que conservan intención estética y narrativa. No se trata de “llenar una mesa”; se trata de diseñar una experiencia comestible que funcione y se recuerde.
El catering puede incorporar elementos de territorio (producto local, temporada, referencias culturales) y también una capa de escucha, si el evento lo permite: una atmósfera sonora, un guion breve o una curaduría ambiental que acompañe la comida sin competir con ella. Coordinamos logística, personal, montaje y desmontaje, y contemplamos restricciones alimentarias con anticipación. La intención es clara: resolver con solvencia, sin improvisación, y entregar una propuesta que se sienta cuidada, coherente y viva
Los menús especiales son parte natural de nuestra forma de trabajar, porque cada mesa es distinta y cada cuerpo también. Diseñamos opciones vegetarianas o veganas, sin gluten, sin lácteos, bajas en picante, o adaptadas a alergias específicas, siempre que podamos planificarlo con tiempo. Nuestro enfoque no es “sustituir por sustituir”, sino mantener la lógica del menú: que la ruta siga teniendo tensión, contraste, profundidad y cierre. Un menú especial debe sentirse igual de completo y pensado, no como una versión secundaria.
También desarrollamos menús temáticos por edición: rutas por ingredientes, estaciones del año, territorios específicos, noches con maridaje, o colaboraciones con cocineros invitados y productores. Si la cena es parte de un evento cultural, una residencia o una activación institucional, podemos construir un menú que dialogue directamente con el contenido: una narrativa comestible que haga sentido con la historia que se quiere contar. En Travelling Fork, lo “especial” no es un extra: es el centro del diseño cuando la ocasión lo pide.
