Travelling Fork nace de una idea simple: hay territorios que no se entienden solo mirándolos; hay que escucharlos y probarlos. Cada edición reúne cocina, investigación sensible y un diseño de experiencia que conecta ingredientes con historias, personas y paisajes sonoros.


La Ruta — cómo elegimos territorio, tema y estación
La Ruta es el corazón curatorial antes de cocinar, escuchamos. Cada edición nace de una pregunta sobre un territorio —una costa, un barrio, un valle, un río, un mercado— y de la decisión de caminarlo (o recorrerlo con quien lo conoce) para entender qué lo sostiene: su estación, su clima, sus oficios, sus ritmos cotidianos, sus ingredientes posibles. No buscamos “representar” un lugar; buscamos entrar en relación con él, con respeto y precisión. Por eso el menú cambia: porque cambia la temporada, cambia lo disponible, cambia el pulso social, cambian las historias que emergen cuando se vuelve a mirar. La Ruta define el tema, el tono y la estructura de la cena: qué se celebra, qué se pregunta, qué se devuelve. Es una investigación sensible que se traduce en sabor, en textura y en narrativa.
Travelling Fork llega al Valle de Antón con una cena seed to table al aire libre en El Palomar, En el laboratorio de Good & Green Microgreens. Un menú de 4 tiempos construido desde ingredientes del valle y microgreens recién cortados, acompañado por una curaduría sonora que convierte el jardín en territorio: comida viva, escucha atenta y una mesa compartida donde el lugar se vuelve relato.
La Mesa — cupos, hospitalidad, ritmo de la cena
La Mesa es un dispositivo íntimo: cupos limitados para cuidar la experiencia, la escucha y el gesto de hospitalidad. Lo que hacemos no es un restaurante en modo “servicio continuo”; es una cena con ritmo propio, diseñada como un recorrido en actos. La bienvenida abre el cuerpo, la conversación se acomoda, y cada pase tiene un lugar dentro de una secuencia pensada para sostener atención sin apuro. Aquí la hospitalidad es parte del contenido: cómo se recibe, cómo se presenta, cómo se acompaña; qué se explica y qué se deja respirar. El equipo cuida el tempo, los silencios, el detalle, y también la flexibilidad: alergias, restricciones, celebraciones, necesidades particulares. La Mesa es donde el concepto se vuelve real. Cuando todo funciona, lo que ocurre no es solo una degustación: es una forma breve de comunidad, una pequeña ceremonia de presencia.
La Escucha — paisaje sonoro / guía / momentos de atención
La Escucha es la capa invisible que nos organiza. Cada edición propone un paisaje sonoro —a veces sutil, a veces más narrativo— que no “decora” la cena, sino que la orienta: abre el espacio, define atmósferas, y crea momentos de atención. La escucha puede aparecer como una guía breve entre pases, como una cápsula sonora que activa memoria, como un ejercicio mínimo de silencio antes de probar, o como un hilo de sonidos de territorio que acompaña sin imponerse. No buscamos distraer; buscamos afinar. En un mundo de estímulos constantes, proponemos una experiencia donde el oído también participa del gusto: el crujido, el hervor, el golpe, el aire, la voz, el ambiente. La Escucha hace que el menú tenga profundidad, que la historia no sea solo discurso, y que el territorio entre a la mesa como presencia viva.
La Huella — alianzas, comunidad, próxima edición
La Huella es lo que queda después: las relaciones, las alianzas y la continuidad. No existimos solo para “hacer eventos”; existtimos para activar vínculos entre cocina, cultura, territorio y memoria. Por eso trabajamos con colaboradores locales cuando es posible, con productores, cocineros invitados, artesanos, músicos, investigadores, espacios culturales o proyectos comunitarios que comparten el deseo de hacer las cosas con cuidado. La Huella también implica responsabilidad: reconocer fuentes, pagar con justicia, evitar el extractivismo cultural y dejar algo útil detrás —sea una colaboración que continúa, una visibilidad que suma, un intercambio real. Cada edición informa la siguiente: lo aprendido en una Ruta redefine el método, el menú, la escucha y la mesa. La Huella es un compromiso con el largo plazo: que esta experiencia pueda sostenerse, crecer y, sobre todo, seguir siendo honesta con lo que toca. La próxima edición no es “otra cena”; es el siguiente capítulo del viaje.